La transición energética global y la urbanización en los países en desarrollo son los dos impulsores principales de la creciente demanda de aluminio. Gracias a sus propiedades de ligereza, conductividad eléctrica y reciclabilidad, el aluminio sigue desempeñando un papel vital en sectores clave como el embalaje, el transporte, la generación de energía y la construcción.
El cambio climático está perturbando cada vez más el sistema ambiental global, la salud humana y la estabilidad económica, causando graves víctimas y pérdidas económicas. Esto subraya la urgencia de la acción climática global.
La rápida expansión de la capacidad instalada en sistemas fotovoltaicos (PV) y de almacenamiento de energía (ESS) ha impulsado un aumento notable en el consumo de aluminio por gigavatio (GW) de capacidad instalada.
Según el análisis de SMM, el rápido crecimiento de la nueva capacidad instalada en los sectores mundial de fotovoltaica y almacenamiento de energía se ha traducido directamente en una mayor demanda de aluminio. De cara al futuro, la capacidad instalada de almacenamiento de energía mantendrá un crecimiento sólido durante los próximos cinco años. Se prevé que las instalaciones fotovoltaicas mundiales crezcan a una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 9,3% para 2030, en comparación con una tasa de crecimiento anual promedio del 29% durante la década anterior.
Con sus ventajas únicas, incluida una alta relación resistencia-peso, resistencia a la corrosión y conductividad térmica, el aluminio seguirá aumentando su participación material en la infraestructura de energía verde, consolidando aún más las bases para un crecimiento sostenido en el consumo de aluminio primario.
